Si no sabes beber...
Por fin ha llegado el post que todos esperábamos.
El post donde se cuenta la historia que muchos ya sabéis. Cómo uno de los miembros de la expedición se soltó la melena y se puso hasta el ojete por primera vez en su vida.
Ahí va...
En este viaje, uno de los participantes, llamémosle señor F, decidió que ya era lo bastante mayor como para empezar a beber alcohol. Estamos hablando de 26 años.
Para comenzar con buen pie, el muy inconsciente retó a otro de los participantes, llamémosle señor A, a beberse entre los dos una botella de whisky, ahí es nada. Obviamente nadie daba un duro por él y efectivamente nos decepcionó a todos el día acordado para beber la susodicha botella. De hecho, no llegó a beberse ni un cubata. Después de miles de excusas baratas, el señor F reconoció su propia falta de hombría con la ya mítica frase: "ME RAJO".
Advertencia: lo que sigue puede no ser exacto al 100%
Si la cosa hubiese quedado ahí, sólo sería una anécdota más del viaje sin la suficiente importancia para ponerla en este post. Pero no. El señor F quería limpiar su honor mancillado.
Después del viaje a Lofoten, sólo nos quedaba una noche en Tromsø. Los máximos guerreros salimos de marcha (léase: Carlos, Aquilino, el señor F y yo). Como era Jueves no había mucha marcha, aunque el bar donde fuimos estaba bastante lleno para la ocasión.
A lo que vamos:
Yo me dediqué a lo de siempre: beber cerveza. Cuál fue mi sorpresa cuando el señor F, librándose de muchos años de abstinencia, me pidió un trago porque tenía sed, se lo di, y dijo no estaba mal y que le había gustado. Yo, asombrado, le di mi cerveza y fui a por otra.
Eso fue el detonante. Aun me pregunto si debí haberlo evitado...
Después de soplarse poco menos de la mitad del vaso, al señor F ya se le notaban los efectos del alcohol en su organismo recién desvirgado. En su defensa hay que decir que estábamos bastante cansados del viaje a Lofoten. Aquí vemos al señor F con la sonrisa típica del borrachín principiante (no se porqué me recuerda al Guevara McKinley en su época dorada):
Si la cosa hubiese quedado ahí, sólo sería una anécdota más del viaje sin la suficiente importancia para ponerla en este post. Pero no. El señor F se puso fino y después de beberse mi cerveza, él mismo fue a por otra. Supongo que esa fue la primera cerveza que adquirió en su vida. El caso es que, como en toda buena borrachera, el señor F fue pasando por todos los pasos típicos de la forma más veloz que he visto nunca. En seguida empezó a decirnos cosas como: "sois los mejores colegas", "me encanta Noruega", "me lo estoy pasando de p. madre", y todo eso. Cuando empezó a ponerse pesado, cada uno de nosotros de forma involuntaria y poco decorosa, empezamos a hacerle el vacío. No me siento especialmente orgulloso de esto, pero cuando uno se pone así de plasta, no hay quien lo aguante.
Y mientras el resto nos dedicábamos a lo normal que se hace en un bar: charlar, criticar a los noruegos, comentar la decoración del bar, etc. el señor F se dedicaba a beber y disfrutar de su nuevo estado sensitivo. Aquí lo vemos siguiendo la táctica acuñada por Rubén de apoyarse en la columna y esperar que alguna tía venga a liarse contigo:
Si la cosa hubiese quedado ahí, sólo sería una anécdota más del viaje sin la suficiente importancia para ponerla en este post. Pero no. El señor F fue a por todas y claro, se puso hasta el ojete. Como nosotros ya no le hacíamos mucho caso, perdí la cuenta de las cervezas que el insensato se llegó a beber, pero tened claro que fueron más de 3. Esto significa más de litro y medio de cerveza para un tipet peso mosca que nunca había bebido antes. El resultado fue lógico, el señor F acabó hecho un despojo humano que no se podía ni tener en pie.
Por suerte el bar tenía una terracilla para que la gente saliese a fumar (sí, una terracilla en Noruega) así que llevamos al señor F a que le diese un poco el aire fresco a ver si se despejaba. Vamos, lo típico en estos casos. Aquí vemos al señor F hecho una bola intentando no quedarse sopa mientras Carlos y Aquilino comentan batallitas de sus primeras borracheras, tema muy socorrido en estos casos:
Cuando se hizo un poco más tarde y cerraron el bar, nos llevamos al señor F medio a rastras, totalmente vencido por el alcohol, a la calle a coger un taxi.
De allí al aeropuerto y vuelo a Oslo.
Os podéis figurar la situación al día siguiente en Oslo:
"esto de beber es la peste", "esa cerveza era de garrafón", "yo no vuelvo a beber en mi vida", etc.
Es tarde. Ya has caído.

















