Momentos críticos
No todo el viaje fue gozo y diversión. Como en todo buen viaje aventurero, hubo momentos críticos de esos que pueden mandar todo a tomar por Lofoten. Algunos fueron críticos de verdad, como cuando volvimos a las 5 de la mañana a la estación de autobuses de Oslo y la mitad de la estación estaba cerrada, casualmente donde estaban las consignas con nuestras maletas. Nuestro autobús para el aeropuerto salía a las 6:30. Empezamos a leer los carteles pegados al cristal, llenos de horarios, pero estaba todo en noruego. Unos sabiamente nos quedamos a descifrar ese precioso idioma mientras otros buscaron ayuda (a las 5 de la mañana) y otros, pequeños y miserables seres inferiores, se dedicaron a llorar y reprochar.
Hubo muchos momentos críticos. Para Juan hubo uno extra cuando el Rey Agapornis le hizo creer que le habían puesto una multa. Juas, juas.
En este tipo de viajes, también suele haber momentos que, conforme pasa el tiempo, tienden a hacerse críticos y llegan a un estado de inestabilidad que puede desembocar en situaciones absurdas y variopintas.
Uno de esos momentos que tendía a ser crítico, sucedió en el viaje de ida a Lofoten. Una vez cruzado el Ferry y después de varias horas y cientos de kilómetros recorridos, ¡no llegábamos a ningún sitio!. Los pueblos que veíamos eran todos iguales y no salían en el mapa (realmente eran casas sueltas en la inmensidad), la maldita ruta Michelin nos decía que habíamos llegado a destino hace cuatro horas y se nos estaba acabando el café.
Teníamos hambre, sueño, frío y ojetecalor.
Hicimos una parada estratégica para hacer nuestras necesidades en una de las muchas gasolineras fantasma que hay en Noruega y decidimos descansar de tanto coche (unas 11 horas seguidas) y estirar las piernas por esos fríos páramos plagados de zombis.

El paisaje era abrumador, montañas gigantes en todas las direcciones, nieve por todos lados, cuatro casas por ahí desperdigadas. El caso es que Carlos y yo encontramos un paralelismo entre aquel poblate y Los Pocicos. Una cosa más que la falta de sueño ha hecho desvanecerse en mi memoria...
El cansancio empezó a picar nuestra moral de guerreros. La paranoia incipiente nos llevo a hacernos pasar por reporteros del Natural Science Journal y preguntar a los nativos si sabían donde vivía el hombre más fuerte del mundo, que queríamos hablar con él para ser sus seguidores.
Si en ese momento hubiese dudado abiertamente de estar yendo en la ruta correcta, lo más seguro es que el momento hubiese estallado, convirtiéndose en un momento crítico de verdad. Nuestra única opción era seguir hacia adelante y confiar en que Thor nos llevara hasta Ramberg, como así fue.
Analizando más de cerca la foto, se puede deducir la tensión del momento e intuir nuestros pensamientos pesimistas.
3 comentarios:
Si es que estaba todo planeado al milimetro.
awesome post.
awesome photo.
oie pr entonces la multa fue de verdad o no¿?¿?
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