martes 10 de abril de 2007

Oslo de noche (II)

¡Guerreros!
¡Basta de regocijarse en los momentos dichosos de nuestro viaje!
Recojo el guante que se lanzó con el post sobre la primera noche en Oslo y humildemente trataré de completar el relato de esa pequeña odisea freak.

Repaso a los puntos pendientes:

1. Juan/noruegas/novios de noruegas. No puedo aportar más que el punto de vista de un "recuperador" de cervezas que entre captura y captura echaba un vistazo al resto de compañeros guerreros. Primera cerveza: Juan al lado de una noruega que pretendía no parecerlo, un fenómeno bastante común (teñido moreno, crema autobronceadora, etc.). Segunda cerveza: Juan al lado de la noruega de antes y a su vez al lado de un noruego. Tercera cerveza: La noruega y el noruego por una parte y Juan y el resto de guerreros por otra.

Cachondeo generalizado. Un no-se-si-muy-loable intento de ligoteo en condiciones extremas que fracasa. Uno más.

2. Baile guarro/roce/codazos/viva el vino. El efecto desinhibidor del alcohol alcanza en Noruega proporciones épicas sobre la población local. Uno, que siempre se ha movido en ambientes muy etílicos, nunca había presenciado tal despliegue de payasadas y bailes extravagantes como si tal cosa.

Si eso fuera todo, pues nada. Lo grave era combinar el espasmo de esos cuerpos colosales con un ritmo reggaetón y comprobar como la "moda latina" es de más fácil contagio que la gripe aviar. ES DECIR, en Noruega se baila reggaetón, salsa, merengue y lo que haga falta a los cinco segundos de empezar cada canción.

Así pues, todos pudimos ver a un mozo autóctono en extático frenesí bailongo frente a una impresionante rubiaca que parecía ver las puertas del Valhalla mientras retumbaba el "patú pa-tú" del reggaetón. La pareja, en determinados momentos, era digna de despliegue fotográfico (esos sudores...) y de haberlas, convertirían este blog en no apto para menores.Era el arrimamiento de cebolleta at his greatest. Quizá Juan debería haber empezado por ahí. De reojo seguíamos las evoluciones de nuestro idolillo hasta que ella, como quien se despide de su tía de Cuenca, despachó al chaval que, digan lo que digan mis compañeros guerreros, no debe recordar esa noche con júbilo.

En fin, que se bebe bastante, sí, pero todavía se hace que se bebe más, no se si me explico.
Quizá en relación con el atontamiento que sufre la juventud noruega en esos bares tan finos, era curioso (y doloroso) sentir el codo de un desconocido apuntalando un par de vértebras lumbares para, una vez que te girabas instintivamente para dar la cara a la "amenaza", ver al causante escurrirse entre las cabelleras rubias del bar. Sin rencores chavales. Eso sí, estáis en mi lista y me reconforta pensar que quizá fuisteis vosotros los que pagásteis mis cervezas.

Lo más escalofriante que vi en el "Sports Bar" de Oslo fue a una chica intentar subirse a una mesa habilitada para dejar copas vacías y a continuación pegarse una hostia realmente fina (entre taburetes, de cabeza y con el suelo lleno de vidrio roto). Y ahí no queda la cosa, los ¿compis? de la accidentada, lejos de echarle una mano, se partían de risa y la señalaban cuando ella trataba de levantarse. Awesome.

3.Mi pérdida de móvil. Cuando más descorazonado estaba por la frialdad de estas buenas gentes. El destino quiso que mi primera impresión cambiara de forma radical.

Deambulando por las calles de Oslo, después de una fugaz visita a un bar donde recuperamos un par de cervezas y nos fuimos, acabamos entrando a un garito de clara tendencia rock (el primero que ví). Las horas de viaje y el cansancio cundían entre nosotros. Y lo peor fue cuando, tras visita al WC me di cuenta de que había perdido el teléfono!. Con todo el viaje por delante clamé a los dioses, además de preguntar a todo bicho que había en el bar (en inglés ful).

A punto de enterrar mi hacha de guerra, salimos del bar para ya volver a la estación cuando un tunante de aspecto vivaracho nos entretuvo con una conversación sin pies ni cabeza. Estábamos en pleno ejercicio mental de hablar en inglés cuando un ser angelical salió del bar agitando mi teléfono y preguntando si alguno lo había perdido. En ese momento todos los noruegos me parecieron más guapos, altos y rubios y ellas, las madres de mis futuros hijos.

Ya sin prisas, el hablador de la puerta, al saber de mi gusto por el black metal y nuestro destino, Tromso, nos encomendó buscar a un tal EGON una vez llegáramos. Tarea que, por otra parte, sólo nos tomábamos en serio cuando circulaba el whisky y la cerveza por nuestras manos. Mi idea es que EGON debe ser un mega-freak de Tromso que ya sólo verlo dan ganas de hacerse fotos con él. Una institución del black metal de la zona y quizá con sus antecedentes penales y todo, como Dios (o Satán) manda.


Nos depedimos efusivamente de ese par de pájaros, la foto lo dice todo, que también se habrían metido lo suyo entre pecho y espalda y nos fuimos a recoger nuestro equipaje rumbo al Top 3.

Por el camino vivimos uno de los trances más duros a los que se puede enfrentar un guerrero: el hambre y la pobreza. Nuestra condición nos obliga a llevar la mínima carga posible y eso, cuando se nos sumerge en un entorno privado de fuentes naturales de alimento es un problema. En cristiano: la comida era muy cara, los kebaps, infames, un trocito de pizza, un lujo. Ninguna de las tienduchas que encontrábamos nos ofrecía nada con una relación (hambre eliminada/precio) suficiente. Al final, acabé adquiriendo una bolsa de frutos secos POLLY por una cantidad ridícula (para ser Noruega) y una botella de agua absolutamente normal.


Con la botella de agua en una mano, los panchitos en la otra y el móvil de vuelta en mi bolsillo, me sentía un superhombre caminando por la parte mas high-tech de Oslo, llena de torres acristaladas. Una nueva prueba de que las mejores cosas de la vida son casi gratis, excluyendo Ryanair.


En ese estado de felicidad andábamos cruzando este puente siguiendo los pasos de un borrachín que andaba en zig-zag sin saber lo que nos esperaba en la bussterminalen: HOMELESS IN OSLO.

6 comentarios:

Rikel dijo...

Buenísimo el post.

Perfecto para completar la salida nocturna por OSLO

Anónimo dijo...

osea que nadie pilló?

El Rey Agaporni dijo...

Tenemos un "pacto entre caballeros" para no contar detalles que pudiesen luego usarse en nuetra contra. De todas maneras te diré que Juan SEGURO que no pilló. Y hasta aquí puedo leer....

Anónimo dijo...

Si que pillaron. Se ve que hicieron una conga sin manos entre ellos.

El Rey Agaporni dijo...

Cuanta envidio siento... desde Canadá! Eh, Adri? :)

akycrack dijo...

no se yo si el Adri....eso suena a puro estilo Fernandez( colega de Albacete)¿me equivoco?